Sábado 23 de Septiembre del 2017

Benjamín Franklin

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Categoria: Opinión

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Benjamín Franklin
“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame  y lo aprendo” Benjamín Franklin  Hace unos días tuve la oportunidad de intercambiar unos datos culturales con una joven holandesa que estaba a escasos días de concluir un intercambio en nuestro país. Entre los resultados de sus experiencias vividas en México[...]


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“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame  y lo aprendo”

Benjamín Franklin

 Hace unos días tuve la oportunidad de intercambiar unos datos culturales con una joven holandesa que estaba a escasos días de concluir un intercambio en nuestro país. Entre los resultados de sus experiencias vividas en México mencionó que retornaba muy feliz a su nación gracias a los diversos sabores y aromas característicos de la gastronomía mexicana, por las coloridas formas de las hermosas artesanías, la diversidad tanto de la flora como de la fauna, la algarabía  de nuestras festividades, música, bailes y demás. Agregó que su experiencia por aprender a hablar español también había sido grandiosa pero, si algo le había representado una verdadera complicación había sido la compleja gama de conjugaciones verbales.

Mi respuesta fue que ese tema y el de los acentos  del español son realmente dignos de considerarse (tanto por los nativos como por quienes deciden acercarse a él para aprenderlo) con un poco de atención, por tal motivo, la presente girará en torno a los verbos de nuestro idioma.

Para  inmiscuirnos en este asunto, debemos recordar, en primera instancia, que nuestro idioma es un digno ejemplo de las llamadas lenguas de flexión analítica ya que para formar sus estructuras requiere del uso de los verbos, sustantivos, artículos, adjetivos, pronombres, adjetivos, adverbios, etcétera, denominados  a su vez, categorías gramaticales y, tampoco podemos pasar por alto que cada una cumple (en particular) una función sintáctica al momento de elaborar una oración, un párrafo o un texto.

Por lo tanto, lo  esencial en este caso es reflexionar que los verbos son las palabras empleadas para indicar una acción, aunado a ello, debe tomarse en cuenta que éstos deben usarse (al hablar o escribir) considerando las formas verbales con el fin de situarnos en un tiempo, por tal motivo, es obligación nuestra determinar si vamos a emplear el presente, el pasado o el futuro.

Por otra parte, tampoco podemos olvidar los modos verbales, quienes manifiestan la actitud del emisor al expresar sus ideas, necesidades o pensamientos. Esto es, dependiendo de lo que se desee conseguir, debemos saber cuándo emplear el modo indicativo (expresa situaciones reales, por ejemplo: “El niño nada en la alberca”); el subjuntivo (para manifestar deseos, anhelos u órdenes negativas como en el caso de: “¡Ojalá no llueva más!”) y el imperativo (para dar instrucciones u órdenes afirmativas, por mencionar algunos casos: “Cierra la puerta” o  “Presione con firmeza”).

Por si  fuera poco, debemos agregar que, aparte de los datos anteriores, es indispensable no pasar por alto que para alegría de unos y tristeza de otros, la lengua española cuenta con verbos regulares (no cambia su raíz al momento de ser conjugados, por ejemplo, el verbo amar) y los irregulares (cuya raíz sufre algunas alteraciones al ser conjugados, en este caso, por citar uno, el verbo contraer).

De éstos, según la Enciclopedia de la Ortografía del Idioma Español, de Emilio Rojas, informa que, de los 4 mil 600 verbos terminados en “ar”, 3 mil 350 tienen que considerarse como regulares; de los 330 verbos terminados en “er”, 260 son irregulares y de los 370 con terminación “ir”, sólo 160 no sufren variaciones en su conjugación.

¿Qué significa este dato? Una respuesta concreta: atender con responsabilidad las nociones que aprendemos en los espacios educativos respecto de la temática. No obstante, seguiré insistiendo, quienes nos dedicamos a la docencia en cualquier nivel, estamos obligados a enseñar lo mejor posible este aspecto un tanto complicado del español y con mucho mayor compromiso, los que abordamos las áreas de lengua española, redacción, ortografía…, para explicar a nuestros estudiantes las razones gramaticales y sintácticas por las que es lícito aquello de: destuerzo, destuerces (presente del modo indicativo); forcé (pretérito del modo indicativo), he forzado (antepresente del indicativo); suelda (modo imperativo), soldaba (copretérito del modo indicativo)

De paso, (sin que mi comentario sea pretexto para recibir ataques de bullying), recomendar a los generadores de post cards gramaticales en las redes sociales, indiquen (de manera sencilla) el  argumento y un ejemplo de su contribución lingüística para no dejar sólo la respuesta de los cientos de cibernautas alcanzados en un like o en un emoji de asombro.

Sea pues este ejemplar de Letras e ideas, útil para todos ustedes. Goede ries Femke, tot ziens!

 


   

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