Martes 23 de Mayo del 2017

Borges en el diván


Categoria: Opinión

Tamaño del texto

 Ejemplo 
Escuchar esta nota


Borges en el diván
Más la filosofía que las armas   Francisco Javier Estrada   Es necesario para entender la idea equivocada de Jorge Luis Borges en el tema del militarismo, lo que le llevaba a pensar sólo en lo heroico de las guerras de independencia y de la revolución, ello al revisar la[...]


Compartir esto

Más la filosofía que las armas

 

Francisco Javier Estrada

 

Es necesario para entender la idea equivocada de Jorge Luis Borges en el tema del militarismo, lo que le llevaba a pensar sólo en lo heroico de las guerras de independencia y de la revolución, ello al revisar la historia de su pueblo y de su familia. No nos debe sorprender esto que es pan cotidiano en la historia de América, para quienes vivieron el siglo XIX y principios del XX. En el caso de Borges, le hizo retornar al pensar que los militares no podían sino tener buenos sentimientos, para con la patria y para con el pueblo.

Comprender la lección del escritor argentino a través de su vida. No era un hombre de armas. Su inteligencia le llevó a desarrollar el sentido heroico pero por otros caminos de la teoría, de ese sendero que se vuelve autopista al encontrar la profundidad de la dialéctica, asunto al que sólo han podido llegar las más privilegiadas mentes en la historia de la humanidad.

Por eso es que para él fue “más la poesía y la filosofía” que las armas. La lección no es menor, significa para el hombre en la Tierra la lucha de miles de años por eliminar la fuerza bruta, la violencia que destruye al ser humano, y anteponer la batalla de las ideas, que no tienen, siguiendo a Voltaire, por que destruir al enemigo, ante la inoperancia de las ideas, y el enojo del perdedor.

La pedagogía de los atenienses fue muy clara con respecto a la de los espartanos. Los primeros era el mundo de las ideas, en los segundos el de la fuerza, ordenada, rigurosa, heroica, pero fuerza por encima del diálogo, del intercambio o pluralismo de las ideas a que se encomendaban los atenienses. Para ser un amante de las ideas no basta leer a los griegos o a los autores latinos.

Era claro en el siglo XIX y principios del XX que la lectura de los alemanes era una obligación y rigor del pensamiento y de la sabiduría, por ello es, como dice Volodia que: “No sabemos si pretendió escribir en alemán, pero leyó su literatura. Derrotado por la “Crítica de la razón pura”, trocó Kant por el “Intermezzo Lírico” de Heine. Admiraba su expresión, la escritura lírica o solemne. “…Tú, lengua de Alemania, eres tu obra / capital: el amor entrelazado / de las voces compuestas…” —escribe en su alabanza. Leyó en alemán El Golem de Gustav Meyrink.”

Luchando contra la Torre de Babel, sabía que esa lucha era una batalla de toda la vida. Pasó por el castellano y sus derivaciones en la lengua bonarense. Pero también por el italiano, con tal de leer en el idioma original La Divina Comedia de Dante Alighieri. Y el idioma de William Shakespeare, en el entendido que leer al autor inglés por su lengua del siglo XV era una batalla perdida. Y por lo mismo esa preocupación por el alemán, que le hizo comprender que la literatura es el mundo de la imaginación antes que todo.

Por eso en el libro de Meyrink, dice Volodia: “La leyenda del rabino de Praga que fabrica un hombre de barro, antecedente benévolo de Frankenstein, remueve una veta de su personalidad. Coincide con obsesiones suyas.” La literatura es imaginación, y si en ese camino se llena de filosofía, así sucede con El Golem o con Frankenstein. Dos seres inventados que reúnen muchas de las obsesiones de los hombres en la Tierra.

Cuenta Volodia que al respecto, Borges dice: “Libro extraordinariamente visual –comentó– que combinaba graciosamente la mitología, la erótica, el turismo, el ‘color local’ de Praga, los sueños premonitorios, los sueños premonitorios, los sueños de vidas ajenas o anteriores, y hasta la realidad” Todo se dice aquí para quien desea escribir literatura, vivir con la vocación por ello.

Mejor la poesía y la filosofía que las armas. La tesis clásica de los atenienses ante la fuerza ordenada, heroica de los espartanos. Si para la educación del hombre la teoría de los atenienses se demostró correcta al paso de los siglos, en el caso de Borges, el ‘militar’ que vivía de glorias ajenas, aunque fueran de sus abuelos fallecidos, se demostró ya en su vida un rotundo fracaso.

Pero sobre esa debilidad, que le quitó el Nobel sin duda, se impuso su amor por la poesía, por las culturas que desde las mil y una noche, le comprobaron que por encima de las armas que destruyen civilizaciones —nos basta con ver a los talibanes destruyendo los Budas monumentales— imperara siempre las ideas, las creaciones en todos los tiempos, por su originalidad, por su profundidad que eleva todo espíritu hasta sus más altas cuotas de amor por el hombre y la naturaleza.

Sobre una sola imagen que quede en nuestro cerebro es posible crear una nueva literatura. Eso es lo que nos dice este hombre de físico frágil, de paso inseguro, de mirada que buscaba siempre el infinito, tanto al mirar hacia el paisaje, como al buscar, como ratoncito, el alma de aquél con el que charlaba.

 


   

Deja un comentario. Tu opinión es importante


Cápsulas destacadas

Tendencias

Ver más tendencias »

Deportes

Nacionales

Espectáculos