viernes 24 de noviembre del 2017

LAS LETRAS DE GILO Coleccionistas

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Coleccionistas De niño comencé a coleccionar llaveros. La verdad no recuerdo qué edad tenía cuando visualicé la idea de reunir los más llaveros que pudiera a lo largo de mi vida. Tendría menos de cincuenta cuando en la adolescencia se me apagó ese gusto, dejé de buscarlos, pero los conservé,[...]


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De niño comencé a coleccionar llaveros. La verdad no recuerdo qué edad tenía cuando visualicé la idea de reunir los más llaveros que pudiera a lo largo de mi vida. Tendría menos de cincuenta cuando en la adolescencia se me apagó ese gusto, dejé de buscarlos, pero los conservé, porque además de obsesivo soy acumulador.

En esa adolescencia temprana comencé a coleccionar tarjetas de beisbolistas. Recuerdo que juntaba el poco dinero que me daba mi padre y cuando tenía una buena cantidad caminaba a una placita en el centro de la ciudad cuando salía de mis clases de pintura. Compraba tres o cuatro sobres y me sentía feliz, realizado, con esa alegría inmensa que experimentamos los que tenemos este trastorno acaparador.

Después de mi compra, caminaba a la parada del autobús, y una vez en él, sentado, comenzaba a abrir los sobres con la expectativa de descubrir qué me depararían esos mágicos paquetes. Si tendría la suerte de encontrarme a Ken Griffey Jr. o a Barry Bonds, a Cal Ripken quizá, o la mala fortuna de tener algunas tarjetas repetidas.

Luego, tuve que comenzar a comprar también tarjetas de futbol americano y de basquetbol ya que las de beisbol estaban escasas. El beisbol no es muy popular en el centro del país, así que de un momento a otro dejaron de vender ésas tarjetas. El kiosquito donde las compraba se había cambiado a la nueva plaza comercial de la ciudad, a sólo dos cuadras más de donde las compraba antes; y después, también, de una visita a otra ya no existía el local.

Las tarjetas las guardo todavía. Creo que son más de tres mil. Dos mil de beisbol y mil más entre americano y basquetbol. Ya casi nunca las miro. Menos ahora que han sido relegadas a un lugar donde su acceso es más complicado. No sé qué valor puedan tener pero eso no es importante.

Y parece ser que es otra de las cosas que le he heredado a mi hijo. Aunque no sé, ahora que lo escribo me queda la duda de si es algo que le ha nacido o si es algo que me imita al ver que acumulo cosas. Tendré que preguntarle, y ver si es que quiere decirme la verdad, no a todos les gusta explicar sus motivos.

Hace pocos años Gil comenzó a coleccionar llaveros también. Parece que tiene hasta el momento una linda colección. Mi padre le trajo algunos muy bonitos de un viaje que hicieron por Europa y también otras personas le han aportado objetos interesantes. Le mostré todos los que todavía conservaba para que se llevara los que le gustaran. Se llevó casi todos.

Ya veremos qué pasa luego con su colección.


   

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