lunes 16 de julio del 2018

DE NORTE A SUR Emiliano Zapata y la elección presidencial

Guillermo Correa Bárcenas


Categoria: Opinión

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Emiliano Zapata y la elección presidencial
En el 99 aniversario del asesinato de Emiliano Zapata, la disputa por el llamado Voto Verde entre los candidatos presidenciales permite asegurar que al PRI y a su abanderado, José Antonio Meade Kuribreña, ya no les sirve volver a prometer el rescate del campo que el propio partido en el[...]


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En el 99 aniversario del asesinato de Emiliano Zapata, la disputa por el llamado Voto Verde entre los candidatos presidenciales permite asegurar que al PRI y a su abanderado, José Antonio Meade Kuribreña, ya no les sirve volver a prometer el rescate del campo que el propio partido en el poder ha mantenido en el olvido desde que terminó el desarrollo estabilizador; que al PAN y a Ricardo Anaya no le puede corresponder un sector que siempre ha sido odiado; y que con MORENA y Manuel López Obrador quienes viven en la pobreza permanente nada tienen que perder.

 

La mayor muestra de lo anterior lo dan a diario los hechos. Uno reciente se dio a fines de la semana pasada y fue el cumpleaños 70 de Carlos Salinas de Gortari quien como Presidente de la República privatizó la tierra en 1992 con la reforma al 27 constitucional, lo que se considera la primera gran traición del neoliberalismo económico en contra del campesinado mexicano. Luego, en este sexenio, aparecieron las reformas estructurales que permiten la entrega de los recursos naturales de la nación –petróleo, minerales, playas, bosques- principalmente a corporaciones trasnacionales.

 

Pues bien, aunque a la fiesta no acudió José Antonio Meade –pero sí su secretaria particular, Vanesa Rubio– el aspirante presidencial, que no puede convencer ni con buenas promesas, más con los hechos festeja a uno de los sobresalientes culpables de que el campo nacional siga en el olvido y sólo beneficie a unos cuantos agro empresarios. Obviamente  Enrique Peña Nieto también acudió al festejo, lo mismo que renombrados panistas, como el infaltable Diego Fernández de Ceballos, el que mandó a quemar las boletas electorales para borrar la supuesta ilegitimidad del salinismo que durante las administraciones de Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón Hinojosa concesionaron más de la tercera parte del territorio mexicano a compañías mineras, en su mayoría canadienses.

 

En este contexto, el domingo pasado la Confederación Nacional Campesina reunió a miles de cenecistas en Cardel, Veracruz, para un encuentro con el candidato oficial que sigue tercero en las encuestas. Hubo de todo: música, batucada y mucha alegría en el evento organizado por Beatriz Paredes Rangel, ex embajadora de México en Brasil y ex dirigente de la CNC a donde todavía no llega la invasión de los tecnócratas que se han apoderado del PRI.

 

Los campesinos coreaban “Pepe Presidente”, en tanto que el cinco veces secretario de Estado y fundador de la Financiera Rural aseguraba que “El campo ha sido, es y será en mi gobierno, la fuerza de México”, luego de comprometerse a reestructurar el agro y a las dependencias que tienen que ver con su desarrollo porque habrá, dijo, seguridad alimentaria, educación, salud, vivienda, empleo, recreación, deporte y cultura en el campo; seguridad personal, patrimonial y acceso a la tenencia de la tierra.

 

No había duda, era y es el mismo Meade que en Hidalgo presumió que durante su mandato –si gana— no nacerá ningún mexicano con pobreza extrema en el país. Sí, el mismo “Yo mero” involucrado en la Estafa Maestra que comprende la desaparición de recursos superiores a los 6 mil millones de pesos dirigidos a los más pobres del país,  muchos de ellos presupuestados en el programa de Lucha contra el Hambre que, según la Auditoría Superior de la Federación, se aprovecharon con otros fines en la Secretaría de Desarrollo Social encabezada por Rosario Robles Berlanga.

   

En estos días en que, como la CNC, se recuerda con más fuerza al general Emiliano Zapata icono de los campesinos, otras organizaciones realizan marchas, concentraciones, mítines  y plantones –dentro de un calendario de movilización nacional— en demanda de solución a los conflictos sociales que padecen en su lucha contra industrias extranjeras que ven al país como botín y que se han apoderado de unas 30 millones de hectáreas (CNPA—MN). Algunas, como la Central Campesina Cardenista, llaman a una insurrección electoral y pacífica el primero de julio con la finalidad de que no se siga concesionando el territorio mexicano a minas que contaminan suelos, agua y bosques. Acusan al gobierno actual de revertir los logros alcanzados por la Revolución Mexicana.

 

Ante esto, El Peje en campaña da la impresión de prometer lo mismo que los demás candidatos cuyos partidos han demostrado estar en contra de los productores del agro, mientras que el movimiento del tabasqueño se distingue porque todavía no ha gobernado el país, lo que le otorga duda y esperanza. Entre sus lineamientos dice que, de obtener el triunfo, se rescatará el campo por su importancia social, ambiental y cultural, y que se logrará la autosuficiencia alimentaria con apoyos, subsidios y créditos a los campesinos, el freno a las importaciones de alimentos que se pueden producir en el país, el arraigo a la gente en sus comunidades y la creación de empleos que ayuden a frenar la migración.

 

López Obrador ha señalado que en el campo no sólo se producen alimentos y existen recursos ambientales indispensables, pues también se desarrolla una forma de vida sana, por lo que regresar al agro significa fortalecer una identidad cultural de la más alta calidad humana. En sus documentos base ha dejado en claro que se impulsarán las prácticas agroecológicas que aumenten la productividad sin dañar a la naturaleza, que no se permitirá la introducción y el uso de semillas transgénicas, que se cuidarán las reservas de recursos bióticos; y que se respetarán y apoyarán las prácticas económicas autogestivas tradicionales e innovadoras habituales entre indígenas y campesinos. Se fomentará la actividad pesquera y se frenará la degradación del territorio.

 

En fin, afirma que se dará preferencia a los pobres y a los desposeídos; que se empezará a pagar la deuda histórica que el país tiene con sus comunidades y pueblos indígenas. “Los primeros serán los olvidados, los débiles y los humillados. Será prioritario para el nuevo gobierno el desarrollo del sureste, que padece desde hace siglos la paradoja de ser la región con más riquezas naturales, pero su población vive en la pobreza por una inadecuada distribución del ingreso nacional”. Quizás por eso le llaman el Mesías.

 

Como se ve, todos van por el Voto Verde pese a que, como señala Leonardo Bastida en La Jornada del Campo, el índice de la población rural ha disminuido del 57 por ciento hace 68 años a un 28.7 por ciento en la actualidad. Sin embargo, anota, las regiones rurales son las que aportaron alrededor de la tercera parte de los votos al partido electoral ganador de los comicios presidenciales desde 1994. Incluso –cita textual— en procesos electorales tan disputados como en los que se eligió al actual gobernador del Estado de México, el voto en los municipios rurales mexiquenses representó la diferencia entre Alfredo del Mazo, candidato del Partido Revolucionario Institucionales (PRI), y Delfina Gómez, candidata del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), quien dominó en las casillas ubicadas en zonas urbanas, donde obtuvo 32.9 por ciento de los votos frente a 30.1 por ciento del candidato tricolor”.

 

No obstante, en el ámbito rural, con la característica de que en territorio mexiquense casi dos millones de personas habitan en comunidades de ese tipo, el 43.5 por ciento de los comicios fueron para Del Mazo y 25.6 por ciento a favor de la morenista. Además, la participación en el proceso electoral fue más alta en el espacio rural (59.5 por ciento) frente a un 51.9 por ciento en las comunidades urbanas. Cifras que marcaron la diferencia al final del proceso de elección.

 

El autor del análisis recuerda que durante el proceso electoral de 1994, el PRI, con su candidato Ernesto Zedillo, obtuvo 17 millones 181 mil 651 votos para ganar la elección. De estos, 6 millones 631 mil 151 provinieron de los estados con mayor población en zonas rurales del país y significaron el 38.5 por ciento del total de las votaciones. En estas entidades, el Revolucionario Institucional obtuvo la mayoría proporcional de los votos. En las siguientes elecciones presidenciales, agrega el analista, a pesar del ímpetu generado por el candidato del PAN, Vicente Fox Quezada, en la mayoría de los estados rurales, el PRI obtuvo el mayor número de votos.       

 

Pero, de acuerdo con el estudio, seis años después, el PRI obtuvo su peor resultado histórico desde su conformación en la década de los 20 del siglo pasado. Pasó de ser la segunda fuerza política del país al tercer escaño, siendo superado por la coalición Por el Bien de Todos, conformada por el PRD, el PT y Convergencia Nacional, cuyo candidato era Andrés Manuel López Obrador.  Durante estos comicios no ganó en ninguna entidad federativa y su porcentaje de votos a nivel nacional fue de 22.2 por ciento. La punta la pelearon el PAN, con Felipe Calderón como candidato, y la Coalición por el Bien de Todos, la diferencia entre ambas fue menor a los doscientos mil votos, es decir, ni de un punto porcentual a favor de Acción Nacional.

 

En cuanto al panorama rural, sigue la investigación, en la mayoría de las entidades con altos índices de población rural, el PRD obtuvo mayores votos, aunque en casi todas, el PRI fue la segunda opción más seleccionada. Guanajuato, Puebla y San Luis Potosí fueron las pocas entidades ganadas por el PAN. En Hidalgo, Michoacán, Puebla, Veracruz y Zacatecas, el Partido Acción Nacional logró el segundo lugar en las votaciones y el PRI se fue hasta el tercer lugar.

 

Como todos sabemos, el proceso presidencial pasado significó el regreso del Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República tras doce años de ausencia. De las entidades analizadas, sólo en tres (Chiapas, Hidalgo y Zacatecas) ganó el PRI. Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Tabasco fueron ganados por el PRD; Guanajuato, San Luis Potosí y Veracruz por el PAN. A pesar de estos resultados, indica Leonardo Bastida, en todas esas entidades, el PRI resultó la segunda fuerza política.

 

Empero, en las elecciones federales intermedias de 2015, el PRI obtuvo el mayor número de votos a nivel federal con 11 millones 638 mil 675, recuperando varios estados, entre ellos ocho de las que mayor demografía rural registran (Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí, Veracruz y Zacatecas), que le representaron 3 millones 216 mil 906 sufragios a su favor, 27.6 por ciento del total de votos.

 

Al interesante texto, como son todos los contenidos en el suplemento jornalero citado, se puede añadir la consideración de que al PRI se le ha acusado históricamente de burlar la voluntad ciudadana con fraudes electorales cometidos gracias a los campesinos empobrecidos intencionalmente, como lo demuestran las revelaciones que dirigen las sospechas, entre otros más, hacia el ex titular de la SAGARPA, José Calzada Rovirosa, hoy flamante líder del Movimiento Territorial del PRI y candidato a senador, en las escandalosas desviaciones de dinero que, en apoyo, debieron llegar a los empobrecidos trabajadores del campo. Los meros meros del agro y la producción de alimentos a los que Meade Kuribreña, al rendir homenaje a Emiliano Zapata este 10 de abril, expresó en Cuautla, Morelos un compromiso, reiterado por quienes sí llegaron a la Presidencia bajo la bandera del PRI, acuerdo que siempre ha sido traicionado en los hechos por los priistas que se niegan a dejar el poder.

tigrebilly@hotmail.com

Guillermo Correa Bárcenas


   

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