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martes 25 de septiembre del 2018

ALEBRIJES EN CUADRATINES Entre sismos y volcanes

Adrián Chavarría Espinosa


Categoria: Opinión

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Entre sismos y volcanes
En días recientes los diferentes medios informativos han dado cuenta de la actividad registrada en volcanes en Hawái y en Guatemala, situación que ha generado cierta inquietud en la población mexicana, ya que en nuestro país existen el temor de que algunos ubicados en nuestro territorio también hagan erupción. Antes[...]


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En días recientes los diferentes medios informativos han dado cuenta de la actividad registrada en volcanes en Hawái y en Guatemala, situación que ha generado cierta inquietud en la población mexicana, ya que en nuestro país existen el temor de que algunos ubicados en nuestro territorio también hagan erupción.

Antes que nada se debe reconocer que en nuestro país las actividades volcánicas, al igual que los sismos, son fenómenos naturales que no se pueden pronosticar de cuándo se presentarán. En el caso de los temblores existe la alarma, que únicamente avisa cuando ya sucedió en las costas del Pacífico y sus ondas se aproximan a la zona centro del país.

En el caso de los volcanes el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) clasifica como volcán activo el que ha tenido actividad en los últimos diez mil años y mantiene potencial de desarrollar alguna actividad eruptiva en un futuro indeterminado, con o sin manifestaciones externas e internas.

Incluso establece una lista con los 12 los volcanes activos más importantes en el país, entre ellos el Popocatépetl y el Volcán de Fuego de Colima, los cuales son monitoreados de forma permanente para anticipar algún posible evento. El desastre volcánico más reciente sucedió en Chiapas, en 1982, con el volcán Chichón o Chichonal, que destruyó 400 kilómetros cuadrados de selva, afectó nueve poblados y se calcula que hubo dos mil decesos.

Respecto al Popocatépetl desde 1993 comenzó a mostrar una creciente actividad volcánica, cuando incrementó su actividad sísmica y fumarólica en su cráter y el 21 de diciembre de 1994 produjo la primera emisión de ceniza en cerca de 70 años. Pero no es necesario que sea un volcán añejo para considerarlo como un riesgo, Recuérdese al Paricutínel volcán más joven del continente americano, que tras aparecer en febrero de 1943, tuvo una actividad durante nueve años, 11 días y 10 horas; su lava recorrió unos 10 kilómetros y aunque no hubo víctimas humanas, cubrió dos poblaciones que fueron desalojas anticipadamente.

Así como en el caso de los sismos, que se presentan como oscilatorios, que es cuando la tierra se mueve como gelatina, o trepidatorios, que es cuando el movimiento se registra como si el suelo brincara, las erupciones y el escurrimiento de lava tienen diferentes características,

Por ejemplo, existen las erupciones clasificadas como efusivas, por ejemplo el Kilaueaen Hawái; cuya duración se puede prolongar por largo tiempo, pueden ser semanas, meses o incluso años, mientras que las explosivas como el Volcán de Fuego de Guatemala, ocurren en pocos días o pocas semanas…

Por otra parte, mientras que el Kilauea en su explosión lanzó lava a una temperatura de unos mil grados centígrados, la cual aunque avanza muy lentamente puede recorrer decenas de kilómetros por ser un magma poco evolucionado y fluido. Ante ello se han podido desalojar las poblaciones que se han encontrado al paso de la lava, aunque viviendas y construcciones resultaron destruidas.

En cambio la explosión del Volcán de Fuego se caracterizó por avanzar de forma rápida, a una velocidad que va desde 100 hasta 500 kilómetros por hora a temperaturas de 400 grados centígrados, por ello las nubes que de él emanan pueden carbonizar cualquier materia orgánica a su paso; su magma resulta más viscosa, más fría y con más gases.

Ante esta situación resultó imposible organizar la evacuación de personas, provocando un saldo de más de un centenar de muertos y un número indeterminado de heridos y desaparecidos.

Además, en el de Guatemala se levantó una columna de ceniza de seis mil metros de altura, la cual resulta mortal para la personas ya que al conformarse con partículas de roca caliente entran directamente a los pulmones a una temperatura de hasta 600 grados centígrados

Estas, nubes calientes integradas por gases, materiales sólidos y aire atrapado, que se mueven a nivel del suelo y avanzan muy rápido por las laderas, son llamadas flujo piroclástico o nubes ardientes, las cuales pueden afectar vías respiratorias, ojos y piel de las personas.

Los especialistas consideran que estos flujos de lava resultan ser una combinación de sólido y gaseoso que destruyen todo lo que se encuentra a su paso, situación por lo cual es prácticamente imposible sobrevivir a ellos y quienes logran escapar sufren quemaduras graves y extensas, no solo en la piel sino en las vías respiratorias…

Pero en Guatemala existe otro riesgo ya que en la presente temporada de lluvias, si las corrientes de agua se mezclan con las cenizas y los sedimentos, entonces se pueden registrar un fenómeno denominado científicamente como lahares, consistente en aludes de sedimentos volcánicos y agua, de grandes dimensiones que pueden ser devastadores.

Ya con esta información la mayor recomendación ante cualquier fenómeno de la naturaleza, ya sea un sismo, una erupción, un huracán o hasta una inundación, es mantenerse pendiente de las alertas emitidas por autoridades de Protección Civil a fin de proteger lo más valioso: su vida y la de sus familiares y seres queridos.

 

Adrián Chavarría Espinosa

ache57@yahoo.com.mx

 


   

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