Sábado 21 de Octubre del 2017

La tercera edad

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La valoración social de las personas de edad Eleazar Trejo Orduña En los diversos modos de organización social que se han dado a través de la historia, es muy conocido el valor otorgado a la vejez, como poseedores de sabiduría, que se aprovechó en las distintas culturas; se da el[...]


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La valoración social de las personas de edad

Eleazar Trejo Orduña

En los diversos modos de organización social que se han dado a través de la historia, es muy conocido el valor otorgado a la vejez, como poseedores de sabiduría, que se aprovechó en las distintas culturas; se da el caso de los adultos mayores en áreas rurales que por su experiencia conocen los mejores meses para sembrar y obtener mayor cosecha, así como el aprovechamiento al máximo de producción, evitándose en posible el desperdicio.

Así, en la sociedad moderna deben considerarse las partes positivas que poseen las personas de edad, aun cuando se señale que la materia tecnológica no es abordada con la capacidad suficiente. Por lo tanto, debe estarse de acuerdo en que “el pensamiento positivo es una herramienta valiosa para afrontar la vida, incrementar el deseo de ser activo, actuar con entusiasmo y aumentar el grado de optimismo de cara a realizar el objetivo fundamental, que es el de conseguir y disfrutar de la felicidad. Una felicidad, que en todos los casos va a depender de nuestra manera de vivir, y de nuestra manera de relacionarse con los demás, es decir, del tipo de relaciones sociales y personales que mantengamos a lo largo de nuestra vida”, lo cual debe relacionarse con el estatus social, o sea, entender el lugar que ocupamos en la sociedady si las otras generaciones tienen clara la posición que deben de ocupar las personas de edad, de ahí la necesidad que existe de crear las condiciones para que sea real la valoración social para este sector de la población.

Habrá que tener muy claro el concepto de valoración, estando de acuerdo en que: “se denomina valoración a la importancia que se le concede a una cosa o persona. El término puede utilizarse en infinidad de ámbitos, pero remite en la consideración que tiene un elemento con respecto a una mirada subjetiva. Por lo general, las valoraciones no dependen únicamente de una sola persona, sino que son procesos sociales que son difíciles de manipular. No obstante lo antedicho, cada individuo puede tener algún grado de valoración propia en función de sus circunstancias personales”, que es aplicable al conocimiento que se tiene de la sociedad en su conjunto, que a pesar de no ser tangible, es evidentemente real, porque forma parte de la convivencia humana, y se justifica ampliamente en la medida en que ha aumentado de manera notoria la esperanza de vida, como resultado de las políticas de salud, seguridad y asistencia social, y en consecuencia el envejecimiento.

No debe menospreciarse que existe un largo periodo en que las personas de edad pueden mantenerse activos, ocupando su tiempo y revalorizando hasta aquello que le llaman ocio, justificado en este periodo de vida, pero al que no se le debe exceder en su tiempo, ni siquiera en sus ocupaciones favoritas, hobbies o pasatiempos, que no afecten a las otras generaciones. La valoración social puede surgir de manera positiva, cuando se participa en la solución de la problemática social que se inicia en la familia y repercute en los grupos a los que se pertenece.

Es necesario combinar el concepto de valoración, reconociendo que la parte educativa es muy importante en las generaciones jóvenes, porque desde los textos que se estudian en la primaria deberían existir temas alusivos al envejecimiento, para que se presente una conciencia plena de su existencia, e incluso se favoreciera una cultura al respecto, de tal manera que esa valoración social con buenos cimientos continuara en los otros niveles educativos, que son parte de la formación de los distintos componentes de la sociedad.

El tema podría tener algunos rasgos de carácter subjetivo, pero deben orientarse objetivamente y volverse tangibles, porque el envejecimiento de la población es una realidad que observamos en los núcleos familiares extendiéndose a la existencia de abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, lo cual es una versión social de las nuevas generaciones que se presentan con la extensión de la edad.

Al respecto, ya existe un avance importante en México, con la creación de instituciones que ayudan a la familia en cuestiones de salud, así como la realización de una serie de programas de apoyo a las enfermedades crónico-degenerativas, que han motivado la preparación especializada de médicos geriatras, aun cuando no son suficientes ante la demanda de servicios, e implican una valoración social de las políticas públicas en ese sentido, además de la necesidad de incrementar las actividades que les favorezcan, principalmente en materia de ocupación del tiempo libre, las cuales pueden tener mejor resultado con la participación de la familia y los propios adultos mayores.

Por lo tanto, la valoración social se gana con esfuerzo, con perseverancia, y con imaginación en todo aquello que contribuya a la satisfacción de nuestras necesidades materiales, sociales y espirituales.

 


   

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