sábado 21 de julio del 2018

López Obrador y sus obsesiones

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López Obrador y sus obsesiones
Durante su ya larga campaña proselitista, iniciada desde el 2006 cuando se postuló por primera vez a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador ha desarrollado un discurso para descalificar al gobierno, ya sea encabezado por panistas o priistas. Dentro de ese discurso ha desarrollado una serie de[...]


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Durante su ya larga campaña proselitista, iniciada desde el 2006 cuando se postuló por primera vez a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador ha desarrollado un discurso para descalificar al gobierno, ya sea encabezado por panistas o priistas.

Dentro de ese discurso ha desarrollado una serie de temas que parecen ya más una obsesión personal que propuestas políticas, debido a que ha insistido en ellas más allá de que puedan ser razonablemente realizables o resulten ser verdaderamente convenientes para la sociedad.

Entre esas obsesiones destacan eliminar los elevados sueldos de los altos niveles de funcionarios, terminar de inmediato con la corrupción y con los presuntos recursos recuperados otorgar, entre otras cosas becas a los ninis y fortalecer programas sociales, cancelar el nuevo aeropuerto internacional que se construye en Texcoco y adaptar las instalaciones militares de la base aérea de Santa Lucía, así como prescindir del apoyo del Estado Mayor Presidencial.

Aunque a estas ideas ya se han expresado respuestas tanto de adversarios políticos como de funcionarios y especialistas, López Obrador se mantiene firme en ellas, pero creo se debe destacar su propuesta de vender el avión presidencial, al cual califica de excesivo y que, de ganar la presidencia, de inmediato lo pondrá a la venta, junto con toda la flota de aeronaves y helicópteros, por lo cual para sus traslados tanto al interior del país como al extranjero sería en aerolíneas comerciales.

Considero que en caso de cumplir esa promesa de campaña, las consecuencias serán más que negativas. Incluso, cuando participó en la 101 Asamblea de Socios de la American Chamber of Commerce, la periodista Adriana Pérez Cañedo le preguntó al político tabasqueño si en caso de llegar a la Presidencia y vender el avión presidencial, viajaría en aerolíneas comerciales, a lo que López Obrador contestó que sí.

Posteriormente le presentó un caso hipotético en el que por esperar un vuelo retrasado, no llegue, por ejemplo, a una asamblea de las Naciones Unidas, a lo cual López Obrador simplemente le contestó con total calma y plena seguridad: “Pues ya no llegué… no llegué”.

La conductora del Canal 11 le cuestionó que no podía ser así, pues entonces el representante de los mexicanos no cumpliría su papel ante la ONU, a lo que el candidato por tercera vez agregó: “Es pura fantuchería… el utilizar los aviones, los helicópteros”, ante lo cual las risas y comentarios de los asistentes a esa reunión no se dejaron esperar.

Más creo que la problemática del transporte del presidente y de su comitiva no se reduce a viajes internacionales, considérese el caso de un sismo de gran intensidad en una región de difícil acceso en una comunidad de Oaxaca, por ejemplo, ¿qué sucedería?

Primero, trasladarse desde la Ciudad de México a la capital oaxaqueña, para lo cual debería verse sí existen vuelos disponibles lo más pronto posible; después ¿cómo sería el traslado al sitio del desastre, en auto, en camión?

Ante ello debe considerarse que para los damnificados, quienes demandan atención inmediata, no podrían esperar a que la ayuda de médicos, comida, ropa y demás apoyo tarde horas en llegar y contratar los helicópteros privados puede resultar más costoso que mantener activa la flota aérea oficial.

Si se llevara al extremo la propuesta de López Obrador, pues entonces que también venda hasta la flota de automóviles y camionetas utilizadas en sus traslados diarios y que recurra al metro, metrobús, camiones urbanos y hasta taxis para trasladarse.

Incluso, cuando fue jefe de gobierno capitalino utilizaba su Tsuru –conducido por su chofer al cual le asignó un sueldo mucho más elevado que el correspondiente a su función operativa‑, para trasladarse pero esa de ninguna forma puede compararse esa responsabilidad con la de estar al frente de un país, ni por ello depender de horarios ni alcances de transportes privados para cumplir debidamente con sus compromisos.

Por todo lo anterior uno como ciudadano debe analizar las propuestas no solo de López Obrador sino de todos los aspirantes presidenciales, evaluar su factibilidad, analizar sus presuntos aspectos positivos y negativos para establecer que si bien se pueden escuchar como adecuados, sus consecuencias.

Probablemente para muchos ningún candidato valga la pena, pero por eso debemos estar conscientes de qué ofrece cada uno y, en dado caso, votar por aquel que consideremos por el menos malo.

 

Adrián Chavarría Espinosa

ache57@yahoo.com.mx

 


   

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