Martes 24 de Octubre del 2017

Maullidos Urbanos

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Gato de Barrio Este viernes 29 de enero el Presidente Enrique Peña Nieto firmó el decreto para que el Distrito Federal se transforme en la entidad número 32 de la República Mexicana, con el nombre de Ciudad de México, con lo cual ahora existirán mayores beneficios para los habitantes de[...]


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Gato de Barrio

Este viernes 29 de enero el Presidente Enrique Peña Nieto firmó el decreto para que el Distrito Federal se transforme en la entidad número 32 de la República Mexicana, con el nombre de Ciudad de México, con lo cual ahora existirán mayores beneficios para los habitantes de la que se mantendrá como la capital nacional.

Este proceso se ha llevado su buen tiempo. Debe recordarse que sus inicios se remontan a 1988, cuando las inquietudes ciudadanas se hicieron presentes, iniciándose su parte oficial en 1997, cuando por fin se superó la etapa de los regentes designados por el Presidente de la República para elegir al Jefe de Gobierno, siendo el primero Cuauhtémoc Cárdenas.

Ahora lo que procede es la integración del Congreso Constituyente, responsable de elaborar lo que será la primera Constitución Política de la nueva entidad; por el momento lo que se discute y polemiza es si su integración es la correcta y adecuada, ya que existen sectores políticos inconformes con la manera en que deberá formarse, aunque ese será otro tema.

Con esa nueva Constitución se deberá definir el marco legal en el cual se regirán tanto las nuevas autoridades como los habitantes de lo que fue el último territorio federal. Recuérdese que los anteriores que lograron ser estados fueron Baja California Sur y Quintana Roo.

Ya se verá una vez integrado el citado Congreso Constituyente la forma en que se superen las diferencias políticas para que se aprueben cómo operarán las nuevas autoridades tanto capitalinas como las de las delegaciones que ahora se transformarán en municipios, definiéndose sus diferentes campos de responsabilidades.

Sin embargo, ya en estos momentos existen discusiones sobre un tema que para muchas personas resulta frívolo o innecesario, pero la verdad es que reviste su importancia para definir la identidad de los habitantes de la Ciudad de México: su gentilicio.

La verdad es que quienes son nativos o habitan esta área geográfica si desearían tener un nombre que les genere una identidad propia, que los distingan de otras entidades, en especial de su amplio vecino el Estado de México, además de diferenciarse del México como nación, donde todos somos mexicanos.

La tarea no resultará sencilla ya que el gentilicio no es un nombre que se imponga por decreto o por decisión, sino debe servir para no solo dar identidad sino además pertenencia, que les genere gusto u orgullo de estar en una región particular.

Se anticipa que de ninguna forma será una tarea sencilla, primero deberá definirse el nombre, que sea aceptado popularmente y, finalmente adoptado y utilizado. Una situación semejante se vivió en el Estado de México, cuando en la década de los años setenta del siglo pasado, en la administración de Alfredo del Mazo y bajo el impulso de Emilio Chuayffet en su encargo en ese entonces de Secretario de Educación, Cultura y Bienestar Social, se impulsó el gentilicio de mexiquense para quienes han nacido o viven en esta entidad.

Para ello ayudó el que en esa época se crearon y desarrollaron Radio y Televisión Mexiquense y así instituciones y áreas con el nuevo nombre, como el Centro Cultural Mexiquense; para ello también hubo otras colaboraciones como el servicio de radio taxis o la sección estatal del periódico Unomásuno.

Entonces ¿cuál sería el gentilicio para la Ciudad de México? Existen varias propuestas, incluso salió a relucir que en el diccionario de la Real Academia de la Lengua española, ya existe el término de mexiqueño, pero como que no es muy bien aceptado en estos momentos.

¿Someterlo a consulta popular? Pues tampoco es garantía de que se tenga un resultado positivo, ya que no se alcanzaría una aceptación sino unánime por lo menos mayoritaria, donde habría sectores inconformes con el nombre más favorecido.

Quizá lo más recomendable sería proponer ya sea una institución, por ejemplo la Universidad Nacional Autónoma de México, El Colegio de México, la Universidad Autónoma Metropolitana, o bien un grupo de lingüistas, sociólogos o especialistas sean quienes definan el nombre, que analicen todas las propuestas, incluso hasta el término chilango para determinar cuál sería el más conveniente.

Una vez que se defina el gentilicio iniciar una campaña para integrarlo socialmente, así como sucedió con el acrónimo CDMX, para que sea de manera lenta pero constante aceptado y utilizado socialmente.

En fin, no será, repito, una tarea sencilla ni de corto plazo pero resultará necesaria para que los nacidos y habitantes de la ahora Ciudad de México, logren una identidad propia.

 

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