domingo 22 de julio del 2018

Profesionistas al rescate de la lengua

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Profesionistas al rescate de la lengua
En muchas ocasiones es común escuchar que únicamente los profesionistas dedicados a la enseñanza de la lengua española debemos emplear la gramática, la sintaxis y la ortografía como es debido. Si me permiten, debo contradecir este erróneo pensamiento puesto que cualquier profesionista emplea su lengua materna para producir y emitir[...]


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En muchas ocasiones es común escuchar que únicamente los profesionistas dedicados a la enseñanza de la lengua española debemos emplear la gramática, la sintaxis y la ortografía como es debido. Si me permiten, debo contradecir este erróneo pensamiento puesto que cualquier profesionista emplea su lengua materna para producir y emitir cualquier mensaje, tanto en su forma oral como escrita.

Este hecho obliga -en consecuencia- a poner atención en el empleo de las palabras utilizadas y en los signos de puntación que deberá llevar el texto, comunicado, informe, dato, correo, carta, oficio, reporte, memorándum, aviso, cartel, o como se deba llamar aquello que compartirá una información de interés entre el emisor y el receptor.

Aclarado este punto, el redactor (ya sea un contador, politólogo, economista, contador, arquitecto, químico, físico, matemático, abogado, biólogo, ingeniero, administrador, etcétera), tras elegir de su repertorio lingüístico personal y de la jerga propia de su profesión, deberá acompañar sus ideas con los signos de puntuación que permitirán que cada una de las oraciones plasmados en una hoja, sean comprendidas cabalmente por quien las reciba, pues a nadie le resulta grato haber entendido en un escrito oficial algo como: “Hermosa, mañana nos vemos”, en lugar de “Hermosa mañana, nos vemos”.

Sé que quien lea la presente esbozará una sonrisa y emitirá una expresión de incredulidad, no obstante, cabe la posibilidad de generar enunciados como los anteriores si no se revisa cuidadosamente el empleo de los vitales y necesarios signos de puntuación.

En mi experiencia como profesor de redacción para universitarios (y viendo que cada vez es más complicada la pertinencia, coherencia y originalidad de los escritos), suelo recomendar (por no decir implorar) el manejo adecuado de seis de ellos: el punto, la coma, la tilde, las diéresis, los signos de exclamación y los signos de interrogación.

Si nos enfocamos en la breve teoría que la RAE ofrece al respecto, podremos hacer uso de ellos sin grandes complicaciones y como resultado, podremos ofrecer mensajes claros, bien estructurados y, sobre todo, comprensibles para quienes los reciban.

De sobra sé que su servidora y otros profesionistas (como los periodistas, correctores de estilo, guionistas, etcétera), estamos más obligados a revisar de manera constante cómo y en qué casos se usan, sin embargo, considero cabalmente, que cualquier otro profesional atento a ello, demostrará cuán cuidadoso e inteligente puede ser.

Así pues, pongo a consideración personal elegir entre escribir correctamente o creer que los demás tienen la obligación de entender algo que fue escrito con suma rapidez y denotando el poco interés que el autor dejó plasmado en sus expresiones. Después no preguntemos por qué le encomiendan a otro colega la emisión de mensajes escritos. Dejo para concluir a manera de reflexión la siguiente frase de Wittgenstein, Ludwig: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente”.

 

 


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