Martes 22 de Agosto del 2017

Reflexiones y alucinaciones

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Reflexiones y alucinaciones
Los trabajadores mexicanos: condenados a la pobreza   Misael Romero Andrade   Como ya es costumbre, casi un rito diría yo, el pasado 11 de noviembre, el Presidente de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, Basilio González Núñez, informó que para 2016 los salarios mínimos generales tendrían un incremento de[...]


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Los trabajadores mexicanos: condenados a la pobreza

 

Misael Romero Andrade

 

Como ya es costumbre, casi un rito diría yo, el pasado 11 de noviembre, el Presidente de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, Basilio González Núñez, informó que para 2016 los salarios mínimos generales tendrían un incremento de 4.2%, esto es $2.94 (dos pesos con 94 centavos), para quedar en $73.04 (setenta y tres pesos cuatro centavos). El ya veterano Presidente de este organismo tripartito explicó que este aumento se había determinado, después de haber tomado en consideración que la inflación para el próximo año sería, según estimaciones del Banco de México, de un 2%. Al término de su alocución, para sorpresa de todos, resaltó convencido y sin ambages, que este incremento representaba el más alto de las últimas siete administraciones federales (sic).

Como fácilmente se puede observar, el incremento de $2.94 es de sátira, causa risa, humilla, indigna, provoca irritación y un gran malestar social, situación que viene a sumarse al cúmulo de agravios que el Gobierno y la clase patronal le viene dispensando a la clase trabajadora, desde que pasó, para nunca más volver, la época del llamado “desarrollo estabilizador”, conocido también como el “milagro mexicano”, en cuyo periodo hubo voluntad política para aumentar los ingresos reales de la población. Durante esa época, de 1964 a 1970, el salario mínimo creció el 52%, y de1970 a 1977, también se incrementó en un 24%; es decir, en esos 13 años, los más célebres de la clase trabajadora y en general de todos los que viven de su trabajo, el salario se incrementó realmente en un 88%.

De 1977 a la fecha, el salario mínimo ha venido en picada: las estadísticas dicen que de ese año a 1995, perdió el 46% de su poder adquisitivo y, de ese año a 2014, ha ido perdiendo el 2.2% año con año. Estudios realizados por diversas instituciones arrojan resultados similares: el Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM (publicado el 29 de agosto de 2014) concluye que en los últimos 25 años el salario de los trabajadores ha perdido el 78.66%. Es incuestionable que las familias que dependen de esos salarios, se empobrecieron en la misma proporción.

Las políticas económicas, salariales y sindicales implementadas en todos estos años, incluyendo en el actual periodo del Presidente Enrique Peña Nieto, en el que el salario mínimo ha perdido el 9.6%, ha creado una masa de trabajadores empobrecida, callada, sufrida, que se conforma con tener trabajo, aunque éste sea de miseria. Cuando sale a colación entre los trabajadores o empleados públicos el tema de los bajos salarios, no falta quien diga: ¡dale gracias a Dios que tienes trabajo! Con esa sencilla lógica de quienes siempre han estado sometidos, se tranquilizan, rumiando su descontento.

Es obvio que el porcentaje de incremento a los salarios mínimos, impacta directamente en el bienestar de las familias, en especial de aquellas que dependen de ingresos tasados en salarios mínimos, como son los casi 18 millones de trabajadores inscritos en el IMSS y, naturalmente, los millones de jubilados que dependen de una pensión otorgada en salarios mínimos. No es erróneo afirmar que la pobreza en México tiene relación directa con los salarios y que si éstos no se mueven, ésta continuará siendo una condición endémica de los mexicanos.

Los datos de Coneval sobre los niveles de pobreza en México, dados a conocer el 24 de julio de 2015, son categóricos y contundentes: 55.3 millones de pobres, 2 millones más que en 2012; y 11.4 millones en pobreza extrema, una décima menos que en 2012 y por la que, la entonces Secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, ha tratado de justificar su trabajo infructuoso por más de dos años al frente de esa Dependencia.

En este rubro suceden cosas incomprensibles, como acontece en muchas otras en México: como país, somos la 15ª economía del mundo; es decir, por su Producto Interno Bruto (PIB), nos encontramos entre las 15 economías del mundo más poderosas. Y in embargo, somos de los países más pobres del planeta, con apenas 10,325 dólares de ingreso, en promedio, por año; por debajo de Brasil que es de 11,384 dólares; Argentina, de 12,509 dólares; Chile, de 14, 528 dólares; y Uruguay, de 16,806 dólares; y evidentemente muy, pero muy por debajo de los otros 14 países que están entre las economías más fuertes del mundo.

Esta disparidad con nuestros homólogos latinoamericanos, sólo se puede explicar por la gran desigualdad de ingresos que existe y permanece entre los trabajadores y empleados de menor con los de mayor ingreso. Como ejemplo, refiero uno: el Presidente de la Comisión de Salarios Mínimos que anunció el incremento de $2.94, Basilio González Núñez, que por cierto ya lleva 23 años disfrutando del cargo, gana el equivalente de 88 salarios mínimos al día, algo así 180.000. pesos mensuales, un salario muy superior al que perciben los casi 18 millones de trabajadores, tasados con salario mínimo, cuyo ingreso diario fluctúa, en su gran mayoría, entre 1 y 3 salarios mínimos, es decir, entre $70.10 y $210.30 diarios.

 

 


   

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