martes 22 de mayo del 2018

Vida lenta

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Vida lenta
Vida lenta Pareciera que me sé tomar todas las cosas con calma, que nada me perturbara, que puedo abstraerme de la movidísima realidad y dejarla a un lado para disfrutar de las cosas y alejar al estrés de mi vida, pero no es así. Sólo soy vago y distraído. Lento,[...]


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Vida lenta

Pareciera que me sé tomar todas las cosas con calma, que nada me perturbara, que puedo abstraerme de la movidísima realidad y dejarla a un lado para disfrutar de las cosas y alejar al estrés de mi vida, pero no es así. Sólo soy vago y distraído. Lento, calmudo, pasguato, con lo que parece una singular contemplación del mundo que no es otra cosa que una forma de ser; mi forma de ser. Una persona de modos lentos.

Aquí algunos botones:

Una vez el manager de un equipo de beisbol al que recién me había integrado (como a los 22 años), me dijo que él pensaba que una persona mayor que yo y con bastantes kilos de más sería más rápido que yo si es que nos poníamos a correr al mismo tiempo. Yo, bastante sorprendido –ya que aún era flaco– le respondí que estaba equivocado, pero fue hasta algunas semanas después que vio lo rápido que podía correr al batear y llegar hasta tercera base y producir así la única carrera del equipo. Pero quién podría culparlo. No me conocía y mis modos lentos parecen decir eso. También pudo haberme dicho perezoso o algo parecido.

Alguna vez un compañero de la universidad me dijo que yo era el único estudiante de Comunicación que él conocía al que nunca había visto estresado. Claro que viví periodos de demasiado estrés con muchos trabajos por hacer y por entregar, pero mis pasguatos modos no dejan ver lo preocupado que estoy. Pareciera que no tengo un modo “turbo”. O mi modo turbo no elimina mis calmadas maneras.

Una buena amiga me dijo una vez, cuando estudiábamos la universidad, que mi forma de caminar –de vago despreocupado– la hacía pensar en Aureliano Buendía. No sé por qué, creo haber leído unas cien páginas de los Cien años con bastante desgana y no ubico un paralelismo con aquel famoso incestuoso personaje.

Hasta aquí ninguna queja, esto es sólo el recuento de una gran parte de mí, de mi modo de ser. Lo que sí es muy molesto son los reclamos de mi madre ante lo que le parece una actitud de pereza ante la vida. Es demasiado molesto que después de tantos años no pueda entender que así soy y que así hago las cosas. También soy flojo, pero eso es otra cosa.

Y sí, que también hago muchos gestos.


   

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